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Para saber como es la movida rasta en Bogotá, ESKPE realizó un recorrido por algunos de los bares más representativos de este género.
Hace 14 años, los isleños trajeron el reggae a las discotecas bogotanas. La música de Bob Marley se ganó al público y la gente comenzó a cantar los coros de UB 40.

Este ritmo africano que mezcla el ska, el rock, el blues y el jazz hacía que la rumbano fuera un baile de pasos complicados como la salsa.

Y en esencia, las letras del reggae trataban problemáticas sociales. Sin embargo, los temas se volvieron religiosos,
e incluso las voces más destacadas de esta música comenzaron a tener el estilo de la devoción rastafari.

Los sitios de rumba donde se tomaba licor y se fumaba se convirtieron en los puntos de encuentro de estos ‘dreadmen’ y su peinado dejó de ser una rareza y se convirtió en una tendencia. Se creía que tener dread (mechones enredados en trenzas) y fumar marihuana era ser rasta y la religión rastafari está bien lejos de esta concepción.

Los creyentes puros no consumen drogas ni alcohol, son vegetarianos y están lejos de la rumba. Los dreadmen hacen parte de la moda que llegó con la música reggae, porque todo lo que es sinónimo de Jamaica se ganó un espacio definitivo en los lugares de rumba.